LA NO PERTENENCIA / EL NO LUGAR.

Esta es la propuesta: leer varios textos que, para mí, pueden guardar cierta relación con el tema de debate propuesto y llevarlos a nuestra experiencia. Durante nuestro encuentro online, los comentaremos y ponderemos en común todo lo que nos han inspirado y los lugares a los que nos han transportado. Puedes aportar tus propios textos sobre el tema.
Debate: 22 de julio, 19,30-20,30 horas.  Inscribirse en: practicarele@hotmail.com


Texto de Los no lugares, Marc Augé

https://designblog.uniandes.edu.co/blogs/dise2609/files/2009/03/marc-auge-los-no-lugares.pdf

 La fantasía de los nativos es la de un mundo cerrado fundado de una vez y para siempre que, a decir verdad, no debe ser conocido. Se conoce ya todo lo que hay que conocer: las tierras, el bosque, los orígenes, los puntos notables, los lugares de culto, las plantas medicinales, sin desconocer las dimensiones temporales de un estado de los lugares en el cual los relatos de origen y el calendario ritual postulan su legitimidad y aseguran en principio su estabilidad. Dado el caso, es necesario reconocerse en él. Todo acontecimiento imprevisto, aun si, desde el punto de vista ritual, es perfectamente previsible y recurrente, como lo son los nacimientos, las enfermedades y la muerte, exige que se lo interprete, no para ser conocido, a decir verdad, sino para ser reconocido, es decir para ser digno de un discurso, de un diagnóstico en los términos ya catalogados cuyo enunciado no sea susceptible de chocar a los guardianes de la ortodoxia cultural y la sintaxis social. Que los términos de este discurso sean voluntariamente espaciales no podría sorprender, a partir del momento en que el dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la identidad del grupo (los orígenes del grupo son a menudo diversos, pero es la identidad del lugar la que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido. [...]



La fantasía del lugar fundado e incesantemente refundador no es sino una semifantasía. Ante todo, funciona bien o, mejor dicho, ha funcionado bien: las tierras fueron valorizadas, la naturaleza fue domesticada, la reproducción de las generaciones, asegurada; en este sentido los dioses del terruño lo protegieron bien. El territorio se mantuvo contra las amenazas de agresiones exteriores o de escisiones internas, cosa que no siempre sucede, lo sabemos: en este sentido, también, los dispositivos de la adivinación y de la prevención han sido eficaces. Esta eficacia puede medirse a escala de la familia, de los linajes, del pueblo o del grupo. Aquellos que toman a su cargo la gestión de las peripecias puntuales, el esclarecimiento y la resolución de las dificultades concretas son siempre más numerosos que los que son sus víctimas o que los que cuestionan: existe solidaridad entre la gente y el sistema funciona bastante bien. [...]

Refiriéndose a un texto de Certeau, comenta:

Practicar el espacio, escribe Michel de Certeau, es "repetir la experiencia alegre y silenciosa de la infancia; es, en el lugar, ser otro y pasar al otro" (pág. 164). La experiencia alegre y silenciosa de la niñez es la experiencia del primer viaje, del nacimiento como experiencia primordial de la diferenciación, del reconocimiento de sí como uno mismo y como otro que reiteran las de la marcha como primera práctica del espacio y la del espejo como primera identificación con la imagen de sí. Todo relato vuelve a la niñez. Al recurrir a la expresión "relatos de espacio", Certeau quiere hablar a la vez de los relatos que "atraviesan y organizan" los lugares ("Todo relato es un relato de viaje...'', pág. 171) y del lugar que constituye la escritura del relato ( "...la lectura es el espacio producido por la práctica del lugar que constituye un sistema de signos: un relato", pág. 173). Pero el libro se escribe antes de leerse; pasa por diferentes lugares antes de constituirse en uno de ellos: como el viaje, el relato que habla de él atraviesa varios lugares. Esta pluralidad de lugares, el exceso que ella impone a la mirada y a la descripción (¿cómo ver todo?, ¿cómo decir todo?) y el efecto de "desarraigo" que resulta de ello (se volverá a comenzar más tarde, por ejemplo al comentar la foto que ha fijado el instante: "Fíjate, ves, allí, soy yo al pie delPartenón", pero en el instante sucedía que eso nos extrañaba: "¿qué es lo que he venido a hacer aquí?"), introducen entre el viajero-espectador y el espacio del paisaje que él recorre o contempla una ruptura que 89 le impide ver allí un lugar, reencontrarse en él plenamente, aun si trata de colmar ese vacío con las informaciones múltiples y detalladas que le proponen las guías turísticas...o los relatos de viajes. Cuando Michel de Certeau habla de "no lugar", es para hacer alusión a una especie de cualidad negativa del lugar, de una ausencia de lugar en sí mismo que le impone el nombre que se le da. Los nombres propios, nos dice, imponen al lugar "un mandato venido del otro (una historia...)" Y es cierto que aquel, que al trazar un itinerario enuncia en él los nombres, no conoce necesariamente gran cosa. Pero los nombres por sí solos ¿bastan para producir en el lugar "esa erosión o no lugar que allí efectúa la ley del otro?" (pág. 159). Todo itinerario, precisa Michel de Certeau, es de alguna manera "desviado" por los nombres que le dan "sentidos (o direcciones) hasta allí imprevisibles". Y agrega: "Estos nombres crean no lugar en los lugares; los transmutan en pasajes" (pág. 156)

(Texto completo en: https://monoskop.org/images/2/28/De_Certeau_Michel_La_invencion_de_lo_cotidiano_1_Artes_de_hacer.pdf)


LUGAR INFRANQUEABLE

Lugar infranqueable es aquel que, 

por instinto de supervivencia,

decides borrar de tus deseos

y comienzas a fumar, de nuevo,

para conseguir calcinar

las huellas

de haber pisado 

el suelo al que no pertenecerás. [...]

(De Sumergir el sueño, Ed. Lastura. Montserrat Villar González)

MUNDO DE MÁRMOL

Los ojos de la muerte nos dan a desgana
los buenos días.

Pululan entre nosotros, seres de alabastro
que creen estar vivos.

Nos miran, nos hablan, nos abrazan
fingiendo amor.

Nos llevan cada día un poco más cerca
de la rabia y del dolor.

Hacen despertar en nuestras entrañas
el odio y la amargura.

Se comportan como seres humanos
de frío metal y dañan.
Si los observamos, reconocemos a unos cuantos,
a unos cuantos más cada día.

Y seguimos viviendo en la esperanza de
encontrar nuevos seres como nosotros,
hombres de alegría y caricias.

Y continuamos esperando y engañándonos
diciendo que la vida nos juega
malas pasadas.

Sólo al final, veremos, decidiremos
que nosotros éramos los imbéciles
en este infierno. Anhelantes
de vivir como ángeles en un mundo
de muerte, un mundo de mármol.

De Tríptico de mármol, Huerga y Fierro, 2010. Montserrat Villar González


EL NO-LUGAR O LA PÉRDIDA DE LA PATRIA/MATRIA (Montserrat Vilalr González)

La única patria que tiene el hombre es su infancia. (Rainer María Rilke )

 

Marc Augé, antropólogo francés habla de los NO-LUGARES, que no representan espacios de encuentro y no construyen referencias comunes a un grupo. Un no-lugar es un sitio en el que se no-vive, en el cual el individuo habita de una manera anónima y solitaria. Y Benedetti o Landero escriben de la niñez con sendas afirmaciones “Es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda”; “Cuando no te quieren de niña, ya tampoco te quieres tú a ti misma, y fracasas en todo”. Si reflexionamos sobre ambos términos, y algunas de nosotras intentamos rememorar la infancia, nuestra patria o matria, tenemos que aceptar que la vida, nuestro pasado y presente, ha significado pérdida, ruptura y vendaje con y de todo aquello que no hemos vivido: abrazos, caricias, complicidad y sonrisas que construyeran como un lego nuestro significado de ternura. Porque, a pesar de llevar a cabo, en la infancia, la puesta en marcha de nuestro “corazón-castillo y fortaleza” en muchas vidas, siempre ha habido un/a hermano/a mayor o menor, o incluso gemelo/a, una ausencia, una presencia cualquiera, que dio una patada al lego y dejó hueco y desolado ese castillo y, desde luego, lo abandonó a merced de la intemperie.

El pan duro suelta muchas más migas, y si se recogen, se reordenan, se humedecen un poco, podemos llegar a reconstruir el origen del que salieron, pero nunca será lo mismo, nunca formarán parte indisociable, ya no, de ese trozo que habíamos posado en la mesa para esperar a dárselo a los pájaros cualquier mañana. Así es el cariño que ha dejado de sentirse en algún momento.

[...]
Prólogo de Pan Duro, de Coral Bedregal, edit Con m de mujer, 2022.

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